La música es un conjunto de sonidos con ritmo, melodía y armonía que estimulan el oído. O, físicamente hablando, ondas mecánicas generadas por la presión de aire que llegan al oído para transformarse en pulsos eléctricos, Una vez allí, se traslada via tronco encefálico y tálamo a la corteza auditiva.


Cuando ese sonido es MÚSICA, además activa más de diez regiones distintas de nuestro cerebro. Como por ejemplo la amígdala y el núcleo accumbens, zonas relacionadas con las emociones; el hipocampo, gran partícipe en los procesos de memoria; el cerebelo, encargado de los procesos rítmicos; las cortezas sensitivas y las prefrontales intervinientes en los procesos ejecutivos y de razonamiento. Una fiesta electrónoca dentro del cerebro.

¿UN FENÓMENO CULTURAL O BIOLÓGICO?

Si nos enfocamos en el canto de un zorzal seguramente uno podrá percatarse de que dentro de ese sonido existe una melodía que se repite, con juegos de tonos y una armonía bastante pegadiza. Esta forma de comunicarse que tienen los pajaros plantea un interrogante:

¿LAS ESCALAS MUSICALES SON UN ASPECTO BILÓGICO O ALGO NETAMENTE CULTURAL?

De forma más compleja podríamos plantearnos: ¿El origen de la música humana es biológico o cultural? La respuesta estaba en los zorzales ermitaños machos de los Estados Unidos, de forma mas precisa en su repertorio de 71 canciones. Cuando analizaron las frecuencias de esos “HITS” , observaron que todas las melodías estaban compuestas por aproximadamente diez notas musicales.

Hermoso ejemplar Sialia Currucoides

Lo que escucharon fué que esas canciones son matemáticamente similares a la serie armónica de las escalas musicales de los humanos. Descartando que los zorzales hubieran copiado la forma de cantar a los humanos, es posible pensar que estas aves, al igual que otros animales (como nosotros los humanos), utilicen una forma similar de componer demostrando sorprendentemente que la cultura musical podría tener una pata biológica hasta ahora impensada.

Ballena Jorobada

No hace mucho tiempo se descubrió que nuestro sistema auditivo y nuestro cerebro han evolucionado para captar y prestar atención a sonidos generados por el ser humano y a descartar (o silenciar) al resto. Motivo por el cual resulta lógica nuestra incapacidad para escuchar el canto de las ballenas, por ejemplo. La música que escuchamos y generamos se acerca a nuestro rango audible. Estos hechos indican que nuestran vocalizaciones y nuestra capacidad de percibir esos matices y sutilezas no son una casualidad sino que podrían haber coevolucionado.

FUENTE: REC, Fabricio Ballarini. Sudamericana, 2015.-